| Marzo 26, 2008
La propuesta del bloque de mayoría de crear una supuesta
“Función Electoral” constituye un tremendo desatino
que va a destruir la estructura del sistema político del
Ecuador. En primer lugar, porque la actividad electoral es una forma
de Administración Pública, por tanto se encuentra
inmersa dentro de la Función Ejecutiva. Así la define
el art. 68 de la actual Ley de Partidos Políticos; y así
la definen legislaciones de otros países como el art. 8 de
la Ley Electoral de la Nación Española de la cual
hemos copiado nuestro sistema de Derecho Administrativo y también
nuestro sistema constitucional de Derechos Fundamentales. En segundo
lugar, porque ya existe una justicia especializada que juzga la
actividad electoral y por lo tanto, no es necesario crear nuevas
cortes. Con este criterio, habría que crear una “corte
petrolera” otra “corte de asuntos eléctricos”
etc. Entonces, el cambiarle el nombre al TSE, -superficial cambio
de denominación- no va a lograr que la actividad del mismo
mejore. Los cambios que requiere el sistema electoral ecuatoriano
son mucho más profundos y dicen relación con la supresión
del gasto electoral con los dineros del pueblo; con la eliminación
del mandato imperativo a los legisladores para que estos no obedezcan
las directrices de los dueños de los partidos, sino que actúen
con sentido nacional; con la aplicación del principio de
alternancia establecido en el art. 1 de la Constitución para
que no existan carreras legislativas de veinte años como
ha sucedido hasta ahora en el país; con un sistema de designación
de escaños que suprima las fórmulas matemáticas
que actualmente deforman la voluntad democrática de las mayorías
distorsionado la voluntad popualar al disminuir los votos de las
mayorías. Instalar una Asamblea Constituyente para cambiar
el nombre del TSE por el de “Corte Electoral” no representa
una reforma política de fondo, sino un simple remedo de ella.
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